Por Amaia Arregi
Como bien sabéis, hace un par de semanas hicimos un viaje exprés a la ciudad del Cesar, osease, Roma. Se puede decir que nos recorrimos la ciudad de pe a pa en cuestión de 3 días y nos dejamos el hígado y las rodillas por las bocacalles de la cuna de los gladiadores.
Aquí mi compañera María y yo nos hospedamos en un Bed & Breackfast llamado B&B Corso d’Italia, lugar que recomendamos enfurecidamente, con mogollón de ganas. Os cuento: se trata de un pisito situado en la calle Corso d’Italia, al lado de la Via Veneto y cerca de Piazza di Spagna, un piso de 3 habitaciones regentado por una joven pareja formada por Paolo y Romina (como Romina Power). Muy majos y hospitalarios, se ofrecieron a llevarnos al aeropuerto para coger el vuelo de vuelta, cosa que no hizo falta pero se agradece igual. La habitación fenomenal, todo muy Ikea, y te sirven el desayuno casi casi en la cama, te lo dejan en la puerta del dormitorio en un carrito también muy Ikea.
Os hago un resumen, también exprés:
Giorno 1:
Salimos del hostal y tiramos hacia Piazza di Spagna, muy bonita y muy llena de gente, así como concurría, pero guay. Decidimos que es mejor comer que desfallecer y tomamos asiento en un restaurante de la Via della Vite llamado Life, también recomendable, barato y bastante rápido.

Ya con el estómago un poco más lleno nos dirigimos hacia Fontana di Trevi, que está ahí, perdida entre la nada, que tú vas callejeando y dices “aquí huele a fuente” y efectivamente, ahí está, emanando water como si con ella no fuera la cosa… y allí terminamos todos, arrojando monedas como tontos a ver si nos cae algo.

Pasada ya la euforia marchamos hacia el Panteon que, cómo te diría yo… pa alucinar, chato. Siguiendo el camino, por inercia, llegamos a Piazza Navona, uno de los lugares que más me gustó. Nos comemos el crêpe más relleno de nutella que me han servido en toda mi vida, y decidimos poner fin a un día de pateada, terminando el tour de nuestro first day en Piaza del Popolo.
Giorno 2:
Pensamos que ya que estamos en Roma, por qué no visitar al papa, the pope. Y pal vaticano que nos vamos. Llegamos y parece aquello yo qué sé lo que, había más gente que mármol, no os digo más.
Después de un par de horas de cola conseguimos entrar a San Pedro. Eso sí, muy bonico y muy reluciente todo, un par de ave marías y al Museo Vaticano. Una hora de cola 8 euros más tarde, conseguimos entrar y nos pegamos otras 2 horas (y pico) rodeadas de arte y esas cosas. Salgo con la sensación de que he pagado 8 euros muy bien pagados y de que Miguel Ángel tenía mucho tiempo para sus cosas, porque hay que ver lo que es la Capilla Sixtina hija, ¡qué techos!

Comemos a las 4 de la tarde en un sitio de mala muerte donde nos dan un plato de pasta que no vale lo que pagamos y tiramos pal Trastevere no sin antes visitar el Castelo St. Angelo.
Callejeamos por el Trastevere, que me pareció una cosa entre alucinante, mágico y acojonante (de que da miedo, porque tiene algunas callejuelas un poco oscuras, todo hay que decirlo). Visitamos Santa María in Trastevere y nos aventuramos en busca de un restaurante que parezca bueno, bonito y barato. Al final terminamos en uno que parecía que ni fú ni fá, pero resulto estar fetén. Lo siento, no recuerdo el nombre, pero os doy un dato: tenía terraza y hacia esquina, buscaos la vida.
Giorno 3:
Con el alma ya a cuestas, nos enfrentamos al que es nuestro último día en Roma y ponemos rumbo al Coliseo. Os :
recomiendo coger las entradas de antemano y ahorraros un par de horas de cola. Se paga un poco más ya que no te dan la opción de coger la reducida (y nosotras, que somos jóvenes y guapas tenemos derecho a ello) pero te ahorras la espera y en cuestión de minutos ya estás dentro.

Una vez dentro ya comienzas tú tu ritual de delirio con la compañera de turno, que si lo leones, que si los avestruces, que si Máximo Décimo Merido… Sales absorta de tanta colosidad y bestialidad y te vas directa al Foro Romano, a seguir imaginándote tus paseos con túnicas blancas y de paso te ves el arco de Trajano, que está muy bien.
Salimos ya del Foro Romano y, después de comer en otro sitio de cuyo nombre tampoco me acuerdo, pero que os puedo decir que estaba al lado del monumento a Vittorio Emanuele y por ende de la Piazza Venezia, bajamos hacia Bocca della Verità, que es este sitio donde antiguamente metían la mano para saber si alguien había sido infliel o no, cosas de la vida. Paseamos por las afueras del circo Romano y cogemos un bus (sin pagar) para llegar a ver San Giovani in Laterano y la Scala Santa.
Cogemos otro bus, también sin pagar, y volvemos a la Piazza Navona, esta vez para dirigirnos a la Via del Governo Vecchio, que es la calle de tiendas de segunda mano por excelencia. Todo bastante caro en relación calidad precio
.
Pasado el disgusto, decidimos tomarnos un café en algún sitio, random, y nos encontramos por casualidad con L’Emporio alla Pace, un lugar donde la lectura y el café mimetizan.

Para terminar el día y el viaje, decidimos darnos un homenaje y cenamos en un restaurante llamado Il brillo parlante, situado en Via della Fontanella. Muy recomendable, sobre todo el tiramisú. Nos dieron de cenar como a reinas y salimos gordas como vacas.
En resumen: un viaje corto y condensado, terminamos muertas pero locas de contentas. Os dejo aquí el álbum de fotos.
¡Ah! Se me olvidaba, mi recuerdo favorito de Roma, este vídeo.







