Por Amaia Arregi
Una cosa os voy a decir, nunca he sido yo muy de saber cuándo cambiamos de estación y cuándo no. Más que nada porque de los 365 días que tiene un año que no es bisiesto, me paso 327 (día arriba, día abajo) sin saber en qué punto de la línea del espacio/tiempo me hallo.
Por eso, me confieso, me fascinan los anuncios de El Corte Inglés. Son como esa madre que te dice “Amaia, hija, cógete una rebequita que ya refresca” o, “llévate un paraguas que parece que va a llover” o “ya te estás comprando unas sandalias nuevas que vas hecha unos zorros y ahora están bien baratas, niña”. Vamos, que te avisa de los cambios fundamentales que se van dando en la atmósfera para que ningún fenómeno de tipo climatológico te pille desprevenida, y eso, pa que mentir, siempre viene muy bien.
De modo que estás un buen día tan tranquilamente viendo la tele mientras te comes, por ejemplo, unas aceitunas sin hueso, y una voz en off te susurra “ya es primavera” y tú dices: ah pues sí, parece que sí, ya decía yo que María estornudaba más de lo normal. O “en brazos de otoño” y tú: ah, pues si, ya notaba yo que me estaba empezando a quedar calva. O lo mismo te aparece Natalia Verbeke cantando sin cantar con la hija de Marisol haciéndole los coros, anunciando como si no existiese el mañana que ya han empezado las rebajas, y piensas: ah, pues sí, ya puedo ir a derrochar, venga a lo loco, sin remordimientos, que la vida son dos días.
Y así, cada año, voy enterándome de que los niños vuelven al cole, de que llega la navidad, el invierno, el verano… y todo esto os lo cuento para deciros lo muchísimo que me ha encantado el último anuncio de El Corte Inglés:
Que el barrio es más hermoso desde que aparecí… na na na nanana

