Por Amaia Arregi
Vamos a ver, deja de engañarte. Si estás leyendo esto probablemente estarás sentado en una silla de oficina, posiblemente de Ikea, y te estarás quejando porque el aire acondicionado de tu planta no funciona o funciona demasiado bien. Cabe la posibilidad de que te hayas dejado el tupper que has preparado esta mañana deprisa y corriendo en la encimera de tu cocina y que, aunque todavía estemos a día 11, para ti ya sea final de mes y no tengas un céntimo.
También es probable que vivas ajeno a todo esto y que te hayas creado una realidad paralela, una vida B en la que sustituyes la silla de oficina por una hamaca, el aire acondicionado por la brisa del mar, el tupper por un mojito y los céntimos… bueno, los céntimos son otro tema.
Siempre me ha apasionado la capacidad inventiva del ser humano, ese don que todos tenemos y que nos permite evadirnos de la realidad. ¿Que no te gusta tu planeta? No pasa nada, no alarms and no suprises please, créate uno a tu medida como lo hace Bakea, do you remember?, con sus bichos con mil ojos, mil colores y mil formas.
Pero no todo va ser escaparse. La realidad está ahí, en frente de tus ojos y si no lo quieres ver tú, ya te lo muestra Alyssa Monks.
Nacida en 1977 en Ridgewood, Nueva Jersey, Alyssa Monks es una pintora que rehúye de la fantasía y se ciñe a la realidad más absoluta en sus cuadros.
El cuerpo humano es su punto fuerte y en sus creaciones podemos admirarlo en interacción con el agua en diferentes formas. Alyssa juega con el vapor y las gotas de agua sobre el vidrio para plasmar una realidad que te deja, cuanto menos, boquiabierto:
Tengan ustedes un buen día

















