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Como tú no hay dos

17 oct

Por María Osma.

Y mi amor lo pongo ante los ojos de Diosssssss!!!!!!!

Hacía mucho que no aparecía yo por aquí. Entre bolos, entrevistas, comidas de oreja y bodas, no doy a basto.
En fin, quiero pediros perdón queridos lectores, por mi ausencia. Los que me conocéis, ya sabéis en qué ando metida, además de en el mundo de la farándula.

Hace poquitos días se celebró la boda de la que tanto os he ido hablando estos meses. Parecía que no iba a llegar nunca y que en realidad os estaba troleando (de troli/trolorolo/ verbo.trolear), pero no, lo cierto es que el 13 de octubre se casó mi querido big brothel con mi querida big cuñada.

La boda fue una de esas de las que solemos llamar “gitanas”. De esas de 3 días en las que no paras de comer, beber y dar besos a gente.
Se celebró en la tierra que vio nacer a mi querida madre, Cáceres, rompiendo con el tópico de que los novios se casan donde la novia quiere.

Si no habéis estado en Cáceres, no sé a qué esperáis.
Podréis ver sitios tan chulis como éstos:

Bueno eso, lo que os decía, viernes, sábado y domingo de puro vicio. Puro vino extremeño, puro jamón y pura Torta de El Casar.

Paso a detallar la ruta que hicimos estos 3 días para el que se sienta inspirado y quiera hacer “el Camino de Las Martinas”

Viernes:
Desayuno en el hotel, cada uno en el suyo y Dios en el de todos.

Comida en La Tapería el nombre no es la pera pero se come de la pera. Nos tomamos unas tostas de solomillo espectaculares. Tomamos Torta de El Casar también..uhmmmm…

Cena: Para cenar y como lógicamente éramos parte integrante del sarao, estuvimos en un sitio presiosísimo que se llama El Corral de las Cigüeñas. El garito dispone de un jardín central con dos barras a los lados y dos palmeras. Ambiente de Las Vegas in the night en el casco antiguo de Cáceres.

Las manos maestras de dos servidoras y algunos otros cracks, hicieron que dejásemos aquello espectacular.
La clave: La iluminación.

Hubo gintonics, tapeo y un vino que nos encanta: Habla del Silencio.

El sábado por la mañana todas las titis a la pelu que había que ponerse monas.
La boda fue a las 5:30h con lo que no hubo siesta. Despúes del proceso chapa y pintura, nos presentamos en la Iglesia de la Preciosa Sangre de esta guisa.

Básicamente decir que nos sentíamos cuales actrices de Hollywood esperando a que nos dieran el Óscar.

Tras una larga misa, unos cuantos lloros, tras pensar unas cuántas veces en lo mayores que somos ya y tras un viaje en bus de unos 10km, llegamos a El Castillo de la Arguijuela, lugar donde se celebró la cena.

Digamos que el castillo es algo así como lo que una mujer bien cuki, moni, soñadora, femenina y un poco fantasiosa desearía en el día más importante de su vida.
Nosotras tan monas y elegantes nos encontrábamos como metidas en la versión humana de La Cenicienta.


Cenamos y bebimos a gogó y lo mejor de todo, disfrutamos de una pareja increíble en el día más importante de sus vidas.

Lanzarote en cuatro cambios de rasante

8 jun

Por Amaia Arregi

Si eres mi follower, sabrás que he pasado la última semana en Lanzarote, si no lo eres, pues no mereces vivir.

Todo comenzó un buen día de mayo, no sé cuál, cuando a mi señora amiga Mai se ocurrió decirme que había encontrado vuelos a las Canarias (a todas) por no más de 100 euros. Y claro, una, que no es de piedra, dijo: pues venga, pues vamos, a donde sea, a la que más rabia te dé. Y así, fichamos a mi otra amiga, la Bea, loki, y desembonsaldo 97 euros por cabeza nos hicimos con vuelo + estancia en apartamento por siete días, ¿cómo taj quedao?

He aquí las protagonistas de la novela:

IDA_DÍA 0

El día uno empieza con una nota mental que me repito a mi misma cada x tiempo pero que de poco sirve: Amaia NO vuelvas a volar con Ryanair.

La compañía formó una cola que llegaba a Calatayud porque les salió de los huevos no abrir más de dos mesas para todos los vuelos previstos para esa tarde noche. Total, un caos. Al final conseguimos facturar a tiempo y pasar el control con el tiempo justo para ponernos en la cola de embarque.

Unas 3 horas después, una menos en Canarias, ya estábamos pisando suelo lanzaroteño y se nos empezaba a encrespar el pelo.

Alquilamos un coche (de antemano) con la compañía AutoReisen que nos salió por unos 63 euros para toda la semana, o sea, guay.

A eso de las 23h llegábamos a Puerto del Carmen y nos daban las llaves de nuestra nueva casa en los Apartamentos Kontiki, que suena como a atracción de Port Aventura, pero no.

Como teníamos un hambre de matar, nos fuimos a cenar al chino más guarro de la isla, y sin tiempo a hacer la digestión, nos fuimos a dolmil.

DÍA 1: Hoy no hago ni el huevo, como hay Dios

El día uno consistió en no hacer nada y pasar de todo, modo desconexión ON. Lo más productivo del jueves fue hacernos con lo que se iba a convertir en nuestra mascota oficial en lo que restaban de días: Rafi, un cocodrilo de lo más aventurero y un compañero sin igual.

PD: también hicimos la compra en el Hiper Dino, ¡ÑO, qué precios! (Las cajeras eran un poco retracas)

DÍA 2: La isla de la Graciosa + la hostia padre + karaoke

Cogimos el coche y nos buscamos la vida para encontrar el camino al norte. Porque, una cosa os voy a decir: la señalización en las carreteras no es el fuerte de Lanzarote. Bueno, ni la señalización ni nada en general, lo mismo subes una pendiente que poco le falta para parecer San Francisco, que bajas por un camino de cabras con forma de serpiente sin quitamiedos ni na, ni na, con un barranco ahí, en el lateral, esperando a que caigas en él.

Total, conseguimos llegar a Orzola, que es donde se coge el ferri para ir a la Isla de la Graciosa. El precio son 20 euros ida y vuelta. Es un poco caro pero merece mucho la pena: un must.

Una vez allí, nos entró el cargo de conciencia del día uno y decidimos hacer el ejercicio que no hicimos la jornada anterior (mmmmmmmmmmmmmmma, wrong). Alquilamos unas bicicletas para recorrer la isla, son 6 euros por cabeza.

El señor moreno (muy moreno) que te las alquila te dirá que el recorrido se hace en 1 hora y 20 minutos fácil. Yo te digo que los huevos, date un margen de 2 horas (si no más) para dar el voltio al islote.

Tras unos 20 minutos de bicicleta, habiéndonos dejado ya un cuarto de pulmón y sufriendo ya el dolor en los glúteos, sucedió el drama. A la señorita Beatriz le pareció que los 100 metros que quedaban para llegar a la primera parada, la Playa de las Conchas, era demasiado esperar para hacer la croqueta en la arena, por lo que decidió derrapar con la BH que nos habían dado y rebozarse en la gravilla del sendero. Vamos, que se metió una ostia como una catedral. Todo esto vino provocado por una pelea personal que decidió entablar ella misma con una mosca con la que se cruzó con por el camino.

Total, que un agradable señor de la zona, Gustavo, como la rana, tuvo que socorrerla para no morir por alguna infección rara. Resultado: magulladuras varias en rodillas, codos y mano, o sea, UN CUADRO DE PERSONA:

Cuando ya llegamos a la playa, nos encontramos con algo parecido al paraíso, esto:

Nos os puedo decir lo que es echarse la siesta y hacer la croqueta hasta llegar al mar en esta playaca, tenéis que ir y problarlo, too much.

El resto del recorrido no lo disfrutamos tanto, no por que deje de ser ASOMBROSO (palabro), sino porque andábamos bastante justas de tiempo y tuvimos que hacerlo contrarreloj.

Total, llegamos al ferri con la lengua fuera y quemadura de segundo y tercer grado.

Por la noche decidimos que podíamos hacer el ridículo tan tranquilamente, porque no nos iban a volver a ver más, y nos fuimos al Tito’s, el karaoke por excelencia. Un must, también.

DÍA 3: Me muero de la resaca + hay que sacar de paseo a Rafi

Con cubatas a 4 euros es normal tener resaca al día siguiente. Como habíamos cantado fenomenal la noche anterior, decidimos que nos merecíamos un premio y nos metimos un british breakfast entre pecho y espalda como Zeus manda.

Rafi ya se venía quejando de que no lo sacábamos de paseo así que lo metimos en el Twingo y nos lo llevamos a Playa Papagayo. El capricho del niño nos costó 3 euros de entrada a la zona de playas + 25 de la sangría y las papas que se le antojaron.


Después de la siesta tiramos para la zona de Playa Blanca, a ver qué tal, y oye, pues bonito:

DÍA 4: Timonfire + tú coge olah que ya me echo yo la siehta + te cagas con Los Hervideros

El domingo, el día del señor y de los paseos largos, tiramos para Timanfaya, rebautizado por nosotras como Timonfire. La recepcionista de nuestreos apartamentos, que mira tú por dónde se llamaba como yo, nos recomendó ir primero al Centro del Visitante, y nosotras os lo recomendamos también. La entrada es gratuita y todo es bastante interactivo, te hacen incluso una simulación de una erupción volcánica, simulación catalogada por la guía como “muy fuerte”, pero que no es pa tanto. Merece la pena.

Una vez entradas en vereda, fuimos a ver el parque. La vueltica en bus por el parque cuesta 8 euros y aunque es bastante corto (dura unos 20 minutos) merece la pena. Además de ver volcanes y cráteres aprendes idiomas: te explican grosso modo la historia del volcán en español, inglés y alemán, pa que tú lo goseh.

Por cierto, también montamos en camello, atención:

Terminado el recorrido, cogimos el coche e intentamos llegar a tiempo para ver el mercado de Teguise, que acontece los domingos, pero no llegamos a tiempo. Si vais, sed más avispados que nosotras e id, que se conoce que merece la pena.

Por la tarde, con el mono ya de vitamina D, fuimos a la Playa de Famara a seguir cogiendo un tono Jersey Shore y a siestear un rato. Allí podréis ver a surfistas y aficionados al agua varios, unos más guapos que otros.

Para terminar el día, fuimos a Los Hervideros, que es un lugar brutal donde ves chocar olas contra roca volcánica y no te queda otro remedio que flipar.

DÍA 5: Temo por mi vida + los caletones de Orzola

Estábamos cansadas como señoras de 50 y lo único que apetecía era tirarse en la arena y no hacer nada. Cogimos el coche y tiramos para Arrieta, que es un pueblo que tiene un muelle muy rollo american al que sólo le faltan las atracciones de feria.

La playa que nos encontramos era perfecta para dos cosas:

1) Morir arrollada y/o ahogada por un tsunami
2) Exfoliarte la piel sin esfuerzo alguno con arena

El viento pegaba que no veas y era imposible estar más de dos minutos sin 5 kilos de arena encima de tu toalla. Al final desistimos y decidimos buscar otra playa, por lo que terminamos en la Caleta de Mero de Orzola, sitio que os recomendamos fervientemente.

En el lugar hay una especie de caitas-fuerte hechas con piedras que te protegen del viento y producen un efecto invernadero que ya quisieran para sí los agricultores. El paisaje es precioso y la temperatura del agua es perfecta y al final del día la marea baja tanto que puedes llegar caminando a África.

DÍA 6: me paso el día en horizontal + la casa por la ventana, hoy ceno solomillo

El día se resume en playa, piscina y un viento del demonio. Para darnos el capricho final nos decantamos por un restaurante bien, La Cascada (Calle de Roque Nublo 5, Puerto del Carmen), en el que te colocan las servilletas con cuchara y tenedor y te tratan como si fueras como Lady Gaga de famosa, o sea, mucho. Recomendación personal: solomillo con salsa de champiñones y flan de huevo de postre.

VUELTA_ DÍA: Hasta luego loki

Con depresión post vacacional antes de terminarlas, no nos quedó más que empaquetar todo, a Rafi incluido y volver a Mandril :(

Total, que nos lo hemos pasado pirata y hemos vuelto como Snooki de negras.

PD: si queréis ver el álbum completo en flickr, podéis pinchar aquí.

God save the Gin

19 abr

Por María Osma

La ginebra –en inglés, gin– es un aguardiente inglés derivado del genever, always together, holandés.
Qué buena bebida, qué rica, qué sabor, qué bien se siente una con una copa de balón en mano…
Vamos que nos vamos, que en breves empieza el buen tiempo y con él, las terrasitas y los copeos por la noche con chaqueta vaquera.

Qué ganas tengo de salir sin abrigo, guantes, escafandra, skis… qué ganas tengo de copear un martes por la noche a la luz de las stars con mis amigas de turno. Y despiojarte, y hablar de ti, ponerte verde, amarillo y azul mientras me tomo unas birras o un gintonic con pepino.

Dicho esto, y ante la avalancha de mails recibidos en la bandeja de entrada de Las Martinas, me dispongo a descubriros el new world o nuevo mundo, pa que lo entendáis, le nouveau monde de los garitos de Madrid por los que nos dejamos caer, aquí las súpers bloggers del momento.

Lolina Vintage Café (Calle Espíritu Santo, 9). Como te diría yo, que cada vez que vamos, nos ponemos gochers. Se puede desayunar, comer, merendar y cenar. Si eres un hámster, puedes hacer las cuatro comidas, nosotras solemos ir por las noches a tomarnos unas Frankfurt, que viene a ser un perrito caliente con cebolla confitada y queso de cabra y que tiene un total de cuatromil quinientos millones de calorías. También puedes hacerte la guay y tomarte un cocktail o ir de rocker y apostar por un Hendricks con pepino. De precio baratillo, el ambiente es rollo ¨Cuéntame¨ pero sin imágenes de Franco y podrás tararear a Marisol, i promise.

El Imperfecto (Plaza Matute, 2) Digamos que este bar es una mezcla entre esto, aquello y lo de más allá.
Su decoración es, es… es un bar alternativo, en verano con terraza pequeñita e ideal para tomarse un mojito a las 7 de la tarde from lost to the river. Tienen tés, cafés y muchas más bebidas light, pero lo que nos interesa aquí, son las bebidas duras. Ponen buena música y no tienes que gritar para declararle tu amor al de al lao.

–Ai ai se eu te pego…

Picnic (Calle de las Minas, 1) Que me gusta a mí la palabra picnic. Me recuerda al verano, también a la alergia, pero también al verano, a los shorsitos, al mantel de cuadros, al fucsia, al verde, al amarillo…y a este bar de Malasaña, donde además de tomaros unas buenas copas a muy buen precio, ponen buena música y el ambiente es súper total, ¡modernos to the power! Tiene dos plantas, la de arriba más bareto, y la de abajo más de meter fichas.

Assim voçe me mata…

Casa del pez (Calle Jesús del Valle, 1).Levanta el dedo:¡Un blood gin, por favor! ¿Quoi? Un blood gin, ginebra 5th con toque a frutos silvestres, unas moritas y una fever tree. ¿Cómo se te queda el body?.
Gintonics con pepino y pétalos de rosa, con naranja, gintonics buenos, bonitos y baratos.

Ai ai se eu te pego…

Para terminar, una recomendación viable a partir del 1 de mayo, la terraza de la Casa de América. El lugar es súper mega ideal, lo mismo te cruzas con un cantautor modernete que con una banquera con falda lápiz. Estando dentro, te olvidas del bullicio de Madrid. Huele incluso a flores.
Perfecto para después de una cena de las que tú y yo sabemos.

Feliz juernes, amig@s.

Viva el vino de pitarra y viva Cáceres

22 feb

Por María Osma

Hay momentos en el día en los que cierras los ojos y te imaginas fuera del agobio de la ciudad, de los olores del metro, de las esperas en los semáforos, de los madrugones…

Hay momentos en el día en los que cierras los ojos y te imaginas respirando aire puro, disfrutando del tiempo libre y comiendo, poniéndote ciega a comer.

Si tuviera que resumir los últimos 3 meses de mi vida, podría hacerlo en 6 palabras: ¨ un abrir y cerrar de ojos¨. Todos sabemos que el tiempo pasa deprisa, que las cosas que tienes a la vuelta de la esquina, están realmente a la vuelta de tu puerta y que las conversaciones sobre el viaje a Cáceres en la mesa de Navidad, ya quedaron viejas y el viaje, también.

Gracias a Deu, no pico en una mina, no hago churrascos mañana y tarde en Segovia ni descargo camiones en Carrefour, pero necesitaba comerme unas buenas migas extremeñas.

No sé si sabéis que en octubre se casa mi hermano mayor, si no lo sabíais, ale, un regalo que os acabo de hacer en esta mañana soleada de febrero. Sí señores, increíble pero cierto, casamos al hermano que durante cierto tiempo pensábamos que se nos quedaba soltero y entero, bueno, medio entero.

Se nos juntaban entonces 2 acontecimientos, la boa y el 60 cumpleaños del patriarca de la familia. Ante tal suceso, el cabeza de familia literal y figurado, decidió invitarnos a pasar un fantástico fin de semana en Cáceres. Uno de esos que cuando llega el domingo por la tarde y te sientas en el sofá a pensar sobre todo lo que has hecho en 2 días, te relames y te dices: joe, ¡ha estado guay! o vale, con un punto más macarra, joder, ¡me lo he pasao de puta madre!

Como soy muy generosa y estoy muy orgullosa de la tierra que vio nacer a la mia mamma, quiero compartiros toda la ruta que la familia Osma y nuevos miembros hicimos, por si os apetece escaparos un fin de semana y zamparos unas buenas morcis.

Nuestro ansiado fin de semana comenzó el viernes, sí, el viernes por la mañana, somos así de chulos.
El plan era hacer Madrid/Cáceres del tirón, pero para los que no lo sepan, cada año hacemos una especie de peregrinación a Guadalupe, un pueblo alucinante, pequeñito pero con muy buen rollo, que se encuentra en la comarca de Las Villuercas. No pilla de paso para ir a Cáceres capital, pero merece la pena acercarse, pues en Guadalupe se encuentra el Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, declarado Patrimonio de la Humanidad y se come de maravilla.

Desde Madrid son alrededor de 2 horas y media, o sea, que si te levantas un poco prontín te da tiempo a llegar allí a comer y tirar luego pa´ Cáceres.

En Guadalupe hay varios sitios para comer, en este viaje elegimos un restaurante con un nombre muy currao ¨Restaurante Guadalupe¨ (Pl. Sta María de Guadalupe) situado en el centro del pueblo y donde comimos unas migas extremeñas, una torta del Casar y unas morcillas, que quitaban el sentío.

Tras comer y rezarle un poquito a la Virgen morenita, nos fuimos hacia Cáceres, nuestro destino final.
Desde Guadalupe hay 1 hora y media aprox, que si no conduces y te pones “hasta el culo” de comida, puedes hacerla durmiendo, como hizo una servidora.

Tras este tiempo de letargo, abrí los ojos y vi una ciudad pequeñita que me recordaba un poco a Granada, un poco a Toledo y un poco a Cáceres, mismamente.

La ciudad, hablando en plata, es normalita, ni de lejos es Granada excepto algunas calles, peeeeeeeeero tiene un casco antiguo de quedarse con la boca abierta.

En Cáceres se juntan dos elementos importantes: el casco antiguo y la comida.

Podría haceros de guía turística pero eso, en cuantique lleguéis allí, os darán un mapa. Prefiero recomendaros sitios para comer y dejarme de tonterías.

Como iba diciendo, llegamos a Cáceres el viernes por la tarde y para cenar elegimos ¨Oquendo¨ (C/obispo Seugura Sáez,2). Un restaurante en el que aunque haya miles de personas, no se oye ni a una mosca, cosa que me flipa, y en el que hacen una tortilla de caerse pa´tras.
Es raro lo que voy a decir, pero en este restaurante me tomé el mejor tiramisú de mi vida. De precio, normalito.

Al día siguiente, 18 de febrero -os lo digo por si le queréis felicitar-, fue el cumpleaños de mi padre y como premio por aguantarle -desde el cariño-, nos invitó a comer a ¨El Figón de Eustaquio¨ (Pl. San juan, 12), donde repetimos migas, quesos de los Ibores y donde, atención señores, nos comimos unos solomillos de ponerse a llorar. El mío era light con salsa de torta del Casar, que debe engordar 2 kilos mínimo por solomillo.
Daba igual, ahí estaba yo, con el estómago abierto para recibir uno o mil. Había que zampárselo como fuera.

Tras esta bomba calórica, había que echarse un poco la siesta y prepararse para la cena. He de decir que hubo paseíllo por el casco antiguo y que entramos en Atrio, un Relais Chateau rehabilitado por Tuñón y Mansilla, para bolsillos sin agujeros. Nos clavaron como 25 euros por 4 cafés, eso sí, tiene dos estrellas Michelin y el sitio es espectacular. Sentí como si se hubiera detenido el tiempo. Nos pusieron unos buñuelos y unas trufas riquísimas.

Para cenar, parece mentira pero sí, teníamos hambre, estuvimos en una tapería que se llamaba ¨La Tapería” (C/ Sánchez Garrido,1), ¡hay que ver como se lo curran los extremeños con los nombres, es acojonante!
Nos pedimos unas tostas de jamón ibérico de foto, una torta del Casar ( no, no nos empachamos a comer torta del Casar) muy rica y pa la cama a dormir.

El domingo por la mañana nos pillamos el atracón típico del bufet libre de los hoteles y vuelta a Madrid. Por el camino hicimos una parada en Jaraíz de la Vera para ver una finca y unos cuantos caballos, pero eso ya os lo contaré en otro post. La risa y el dolor de la parte derecha de mi cuerpo, actualmente no me lo permiten.

Ps: No os vayáis de Cáceres sin probar un vino tinto extremeño que se llama ¨Mansaborá¨.

¡Viva Cáceres y vivan las migas extremeñas!

Estoy harta de que no me lleves a cenar

24 nov

Por María Osma

Dios mío, he quedado esta tarde y no sé dónde llevarle.
Esta frase, se repite en la cabeza de una mujer con decisión, en repetidas ocasiones, cada vez que queda con el chico que le gusta. O con la amiga que conoció de Erasmus, a la que adora y que viene a verle a Madrid desde el pueblo más remoto de Albacete (con todo mi respeto, un beso para la gente de Albacete).

Para que esto no suceda más, esta semana se me ha ocurrido hacer una breve pero intensa lista de restaurantes madrileños organizados por barrios y otros, al libre albedrío pero que los incluyo, bien porque me puse muy gocha la última vez que estuve y tengo buen recuerdo del gustillo que te deja la comida cuando la terminas, o bien simple y llanamente porque son de mis restaurantes favoritos.

Para el/la que no lo sepa, llevo unos 9 meses viviendo en el barrio más castizo de Madrid, en La Latina. A consecuencia de esto, llevo unos 9 meses peinando la zona y tras ser consciente de que hay mucha morralla, mucho bar de guiris y otros tantos casposos en los que con la grasa de las paredes podrías crear jabón, creo que los tres que ahora os comento, son de los mejores:

La Cabra en el Tejado (Calle Santa Ana, 29). Es martes y tu día ha sido horrible. Hace frío pero te resistes a irte a casa a las 7 y que el día de mañana sea una fotocopia del de hoy. Piensas que no tienes dinero para salir a cenar. Vuelves a pensártelo y dices bueno, en La Cabra en el Tejado me tomo una tosta y una caña y por 5€ me arreglo la noche, veo a mis amigas y les desgloso y escenifico el chisme del fin de semana anterior.
Ideal para ir cualquier día de la semana. Las tapas están buenísimas y es muy pero muy barato. Modernillo, ponen buena música y tiene un aura cultureta-cañí, que engancha.

Juana La Loca (Plaza Puerta de Moros,4). Es muy caro, las tapas son pequeñas, peeeero sirven la mejor tortilla de Madrid. Los pintxos son de un tamaño que si no eres anoréxico, te parecerán enanos. Otra opción interesante, rica y el plato es para una persona de estómago normal, es el humus… riquísimo!
Repito, la mejor tortilla de Madrid sin contar con la de mi madre. Mi madre os pilla lejos porque para el que no lo sepa, vive en la sierra en una casa de piedra.

Camoatí (Calle Alfonso VI, 3). Dícese del nombre común con el que se designa a varias especies de avispas en Argentina y en su vecino Uruguay. En Madrid, es un restaurante italo-argentino perfecto para ligarte al que o la que te quieras ligar. Para dejar tus problemas en la puerta y para que disfrutes de la comida, tomándote una entraña con un riquísimo pastel de patata. En este restaurante, descubrí otro de sus platos estrella, el steak tartar. Un acierto, probadlo. El precio ronda los 20€ por persona pero realmente merece la pena. Si tienes suerte, te ponen de fondo la música de Jorge Drexler.

Saliendo del barrio de La Latina, otra de las zonas en las que puedes encontrar sitios geniales, es en el barrio de Las Letras. Iba a usar la palabra chulos para describir estos sitios, pero me he dado cuenta ahora mismo que esa palabra designa normalmente a restaurantes eclécticos donde la comida es realmente, una mierda.


Come Prima
(Calle Echegaray, 27). Recuerdo que la primera vez que estuve en este restaurante celebraba un aniversario con “alguien de cuyo nombre no quiero acordarme”, pero de cuya comida, sí. Cocina italiana a precio bastante alto si se piensa que la pasta, pasta es y sabe Dios que la pasta es barata. Es uno de esos sitios a los que vas cuando tienes algo que celebrar, cuando quieres mantel bonito, un lugar pequeño y una luz tenue. Riquísimo el risotto de boletus con aceite de trufa.

González (Calle del León, 12). Nada más entrar huele a embutido. Si te gusta el olor a queso, éste es tu sitio. Su aspecto por fuera es el de un bar típico de “Amar en tiempos revueltos”. Tienen unas tapas buenísimas, puedes ir a desayunar, a brunchear o a comer de menú, por 10€. Intenta que te toque en la mesa de la entrada, desde la mesa ves a la gente pasar mientras te estás comiendo una tapa de queso Idiazábal.

Para el que tampoco lo sepa todavía, ahora trabajo en Chueca, un barrio en el que además de haber restaurantes a los que uno básicamente va a exhibirse, también hay estos otros:

Home (Calle San Marcos, 26). La mejor hamburguesería de la capital. Vale, puede competir con Alfredo´s pero como allí no tienen la hamburguesa de queso de cabra con arándanos que me suelo pedir en Home, me decanto por ésta. Las hamburguesas cuestan 13 € más o menos y están de muerte. Sales con bastante remordimiento de conciencia por lo que te acabas de comer pero, que te quiten lo bailao.

Café Oliver (Calle Almirante, 12).El otro día el cielo estaba gris, había una humedad incomprensible en Madrid y llevaba un café en las manos que ardía. Le mandé un tweet a mi hermano mayor y le puse “hace día de Soho Neoyorkino”. Pasaba en ese momento por Café Oliver. Un lugar desde el que si estás bruncheando por 25€ un domingo, tu cabeza se confunde de lugar y te transporta a la ciudad de los rascacielos. Es caro pero es la pera.

No sé si estáis cansados de leer, a medida que voy escribiendo me va entrando más y más hambre. Como no quiero que esto sea una eternidad, y como sabéis que hay una media de 17,5 restaurantes por persona en Madrid, voy a dejarme de tonterías y voy a pasar a contaros cuáles son mis restaurantes favoritos y que por tanto recomiendo fervientemente.

Paper Moon (Avenida de Concha Espina, 55). Felicidades por tu pastel de manzana. Mira que la manzana a mi en un pastel no me gustaba, pero cada vez que me acuerdo de ella, me comería diez. Paper Moon es, a pesar de su nombre, un restaurante de comida italiana riquísimo. Además de la tarta, su punto fuerte son las pizzas.

La Vaquería (Fuente del Álamo, 16, Collado Villalba). Me encanta tocar la carne cruda y en este sitio eres tú el que te la preparas con una pequeña parrilla que te ponen en la mesa. Es mi restaurante favorito. Me encanta la experiencia de ir a un antiguo establo y salir oliendo a fritanga. Sólo tienen un menú. Filetes de ternera a go gó con patatas hechas en Saturno – nadie sabe por qué unas simples patatas saben tan bien-y ensalada. Después de este festival, es sagrado tomarse una tarta de queso natural. Sinceramente la tarta es de otro planeta. No sé como describirla sin que se me caiga la baba. Después de esta comida es imprescindible echarse una buena siesta.

Yamaoka (Calle de Las Pozas, 31, San Lorenzo de El Escorial). Sí, es japo y no, no es un atraco. Si váis por allí en una de esas visitas domingueras, no os lo podéis perder. Lo mejor, la ensalada de aguacate con arroz. En verano te sientan en una terraza con el suelo lleno de piedritas desde donde puedes ver las estrellas de Madrid ( en Madrid hay estrellas) mientras te tomas unos makis.

Hasta aquí mi pequeña recomendación culinaria. Quiero dedicarle este post a mi hermano Álex, por ayudarme a completar cada día, mi personal guía del ocio.

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