Haciendo un pequeño resumen de este mes y medio sabático que me he tomado… desde la última vez que aparecí por aquí han pasado 3 cosas muy importantes:
1) He cumplido 25 años.
2) Me he cortado el pelo y me lo he puesto como la de Call me maybe.
3) Ha terminado Gandía Shore.
Drama. Ha terminado ese programa que nos hace creer que somos personas total y absolutamente normales, porque nada es comparable al comportamiento de ese ejército de especímenes que responden al nombre de tetes y tetas o putas y zorras, según se dé la noche.
Adiós a los tíos con cejas más perfiladas que Sarita Montiel, al Cola Cado, a Clavelito liándose con la novia del encargado y a las extensiones de pelo más largas que las cortinas de mi casa.
Los domingos no serán lo mismo a partir de ahora, pero no lloréis, que os traigo una de gifs para que podáis superar el síndrome de abstinencia. De nada:
Es abril y ya huele a verano, aunque el viento de Madrid me está tocando lo que no tengo, que una ya no sabe si ponerse bufanda o sandalias, sombrero de paja o gorro siberiano.
Se nota ya el aroma a arena y mar y la mitad de la población mundial, grosso modo, entre la que me incluyo, ha empezado a barajar la posibilidad de mover el culo más allá de la silla de la oficina y empezar a hacer algo para lucir el bikini y/o traje de baño.
Total, que empieza ya la temporada oficial de gimnasios, dietas, bajos en grasa y cero por cien.
Buscando por anuncios.com algo nuevo que traeros, me he encontrado un par de vídeos de la nueva campaña de Orangina que me vienen como anillo al dedo. Se trata de dos spots que promocionan los 3 sabores de Orangina 0%.
Yooooo… sinceramente, hija, Mari, no sé. Me he quedado un poco anonadada, un poco pallá que dicen por ahí, cuando lo he visto.
A lo mejor lo he interpretado mal, muy a pesar de que tengo un nivel más que nativo (oui, oui) en lo que viene a ser la lengua francesa, pero esta manera de ridiculizar la actitud del sexo femenino ante ciertas situaciones de la vie, a través del intercambio de papeles, me parece un poco too much, ¿no? (¿Os dáis cuen de lo políglota que soy?)
Vamos, que no quiero yo pecar a estas alturas de Mercedes Milá, pero ya está bien de la con la lucha de sexos, digo yo, aunque sea en clave de humor. Eh, pero sin acritud, que los bichos, les han quedado muy naturales, sobre todo por las TETAS.
Para quienes hayáis comenzado el peregrinaje al cuerpo diez con sus pertinentes agujetas como penitencia, aquí os dejo una pedazo de lista que no tiene desperdicio.
Hoy es 28 de noviembre, lunes. Faltan 26 días para que sea 24 de diciembre, sábado, y la gente se ponga gorda, sin remordimientos, a langostinos, gulas, algo asado (pollo, pavo, cordero, dinosaurio…) y postres varios, todos ellos con mucho azúcar.
Por ende, restan 27 días para que sea 25 de diciembre, domingo -por cierto, a ver si empezamos a poner los festivos entre semana porque así no eh, así no- y estemos abriendo los regalos que algún señor con tanta barriga como bondad, o sea, mucha, nos haya dejado al lado de un árbol repleto de luces y bolas.
Teniendo en cuenta todo esto, queda menos de un mes para estrujarte la cabeza intentando dar con el regalo perfecto para él/ella (madre, padre, abuelo, abuela, primo, prima, vecino del quinto, la señora de la panadería de abajo… quien sea).
Tenemos ya todos la edad suficiente como para saber que un mes a veces no es suficiente y terminas tirando por el camino fácil, por el sendero marcado con el cartel que reza “regalo recurrente”. Pues bien, en la calle de lo recurrente hay dos almacenes que se llevan la palma:
1) El almacén de los libros. Nunca fallan, un clásico, como el Barça-Madrid pero en versión culta, con tapa dura.
2) El almacén de los olores. Es decir, perfumes. Apuesta segura, siempre, always. A poder ser adquiere el formato pack, con crema hidratante, gel, y cualquier otro potingue, que así el paquete hace más bulto y parece que te has esforzado más.
Bien, pues de este segundo punto vengo a hablaros hoy. Estaba yo observando la tele este fin de semana, algo que no hacía desde hace mucho tiempo, porque no es lo mismo mirar que observar, lo dicen los voyeurs. Y de repente me topé con 3 anuncios, comerciales para mis amigos del otro lado del charco, como digo, 3 anuncios de perfumes, seguiditos los tres, uno detrás de otro. Claro, lo saben, se conocen lo de la calle de lo recurrente, y te lo ponen fácil.
Pues nada, he decidido ponerme colaborativa yo también y os voy a colar aquí unos cuantos anuncios, comerciales, advertisements, ads, spots (esto es para que veáis que soy políglota) que me he encontrado por ahí.
Valentina. By Valentino.
Repiten “Valentina” 15 veces, por si no te queda claro el asunto. Ya sabéis, lo típico, todo el mundo llamando a Valentina, esperando por ella, y la tía va y decide escaparse, ¡qué disgusto! Nada, ella a su bola, se marca una noche de juerga y se la ve volviendo a casa con cara de decir: no estaba muerta, estaba de parranda.
Prada Candy. By Prada.
Que de candy tiene lo que yo de blondie, o sea, ni un pelo. Se marcan un baile que es una mezcla entre baile y wrestling, que no sabes si son novios o hermanos, si se van a la cama o los van a llamar para comer de un momento a otro…
J’adore. By Christian Dior.
Y ahí aparece Charlize Theron, digna como ella misma subiendo unas escaleras perdidas en algún rincón del Château de Versailles, como Pedro por su casa, como si llevara pantuflas en lugar de tacones. Se pasea por el backstage entre escuálidas modelos que pierden la respiración intentando atarse unos corsés imposibles mientras suena Heavy Cross de Gossip (contradictorio, ¿no?), se planta su traje de luces y hala, a abrir el desfile en la Galerie des Glaces, ni más ni menos.
Kokorico. By Jean Paul Gaultier.
Ver a Jon Kortajarena intentando bailar flamenco es como… como… como… como ver a Jon Kortajarena intentando bailar flamenco, punto. Vamos, que puede bailar un aurresku si quiere, o la danza del vientre, o uno de esos bailes que se marcan los de la Polinesia de Port Aventura, que a mí me va dar igual, que te voy a querer igual Jon, con la misma efusividad.
Lo dicho, queda un mes, no desesperéis, todavía estáis a tiempo. Pero ya sabéis, si no encontráis lo que buscabais, siempre os quedarán los olores de invierno, o Jon Kortajarena.
Me he despertado yo como melancólica hoy, como con recuerdos añejos, ya sabéis. No sé cómo ni por qué, me he acordado de Punky Brewster… Extraño, ¿no? Bueno, el caso es que me ha venido a la cabeza la intro de la serie… la niña ahí con su perro, Brandon, sus coletas a desnivel y vestida con más colores que Cindy Lauper en el peor de sus días.
Entonces me he acordado de la sugerencia que hace unos días me hizo mi amiga Ankara: escribir un post a modo repaso de las series de nuestra vida. Y en ello estoy, aquí os dejo una megalista de los openings de las series y dibujos que me acompañaron en mi niñez y adolescencia, en orden aleatorio, al tun tun, como a mí me gusta.
Espero que la disfrutéis:
Punky Brewster
Chicho terremoto
El equipo A
Oliver & Benji
Punke Brewster
El coche fantástico
Los vigilantes de la playa
Alfred J-Kwak
Dragoi bola Z
Doraemon
Las tres mellizas
Las gemelas de sweet valley
Isidoro el gato
Los fruittis
ALF
Delfy y sus amigos
Las Tortugas Ninja
Salvados por la campana
El Príncipe de Bel Air
The Nany
Los problemas crecen
Los Rugrats
Padres Forzosos
Cosas de Casa
Compañeros
Al salir de clase
Médico de familia
Periodistas
7 vidas
Los Cazafantasmas
Nada es para siempre
Kapitain Planet
Sabrina, cosas de brujas
A Ankara, con mazo de cariño y con mazo de sentimiento. I miss you.
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