Reflexión barata I: Recuerdos Olvidados
27 octPor Amaia Arregi
Dicen que cuando vas a morir ves pasar toda tu vida delante de tus ojos, como si de una película se tratase. Casualmente hoy me he dado cuenta de que, irónicamente, tengo recuerdos que no alcanzo a recordar. No me viene a la cabeza el momento en que di mi primera brazada, ni tampoco el instante en que me atreví, cual espartana, a tirarme a la piscina de cabeza (lo que sí recuerdo son los intentos fallidos).
Tampoco me acuerdo de cuándo decidí pedirle a mi padre que me quitara las ruedas de atrás de la bicicleta color hueso que guardaba en el trastero, ni de cuándo hice las primeras rosquillas con mi madre. No recuerdo la primera bronca con mi hermano, aunque sí la última, que ha ocurrido hace escasos 5 minutos.
Me encantaría que me vinieran a la cabeza los primeros veranos con mis abuelos y primos, poder darle al play y ver los chapuzones que nos pegábamos en alguna piscina improvisada, las tortas que nos dábamos por cualquier motivo o de cómo subíamos las escaleras contándolas una por una.
Todo esto lo sé porque alguien me lo ha contado o porque lo he visto en fotos y vídeos. Pero como todo en la vida, lo bonito y divertido es vivirlo y guardarlo en la cajita de forma redonda que llevamos encima del cuello, aunque parece ser que no hay sitio para todo. Así que si en el momento en que se vaya apagando mi luz, me vienen a la cabeza todos estos recuerdos olvidados, me daré por satisfecha.
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Este texto lo escribí en 2009 y durante bastante tiempo ha sido un recuerdo olvidado. Me acordé de él hace un par de semanas, en ese viaje que hice de vuelta a casa. Se me ocurrió recuperar la caja de bombones Nestlé donde guardamos las fotos de cuando mi hermano y yo eramos pequeños (verídico) y me vino a la cabeza esta barata reflexión. Os la regalo, con amor.
Mademoiselle París
24 octPor María Osma
Hay ciudades que cuando llevas tiempo sin ir, echas de menos. Hay ciudades en las que dejas algo de ti cada vez que vas.
Bonjour,merci, ¿Comment tu t´appelles?, son algunas de las palabras que los turistas aprenden a decir en cuanto ponen un pie en París.
Y es que París es una de esas ciudades en las que una se siente parte de la parafernalia. De las calles limpias, de los olores a crêpes, de los edificios victorianos y por supuesto, de la buena moda.
Con motivo de mi primer cuarto de siglo como ser humano, vuelvo a París, a la ciudad de la luz aunque llueva más que en la campiña escocesa.
Es cierto eso de que nunca llegas a conocer una ciudad, cada vez que voy a París -que tampoco han sido quinientas mil pero sí varias- descubro cosas realmente interesantes y lo que es mejor, cosas que no existen todavía en la ciudad en la que vivo y que en un afán por hacerte la empresaria y por salvar al mundo de un desastre nuclear, te imaginas montándolo con tu amiga del alma.
Recordando, la última vez que me dejé caer por la cuidad del Sena, andaba yo haciendo la ruta de la moda que sería algo así como la ruta del bacalao pero un poco más sofisticada.
Recuerdo que el plan era un súper viaje en el que cada una de nosotras iba a tener que hacerse pasar por Olivia Palermo, por Alexa Chung o por alguna de estas chicas monísimas que se dedican a respirar y poco más, pero que están siempre divinas de la muerte.
El caso es que eso no fue así pero pasado el tiempo y echando la vista atrás, fue mucho mejor.
Descubrí dos de los templos de la moda que en mi opinión lo están dando todo por acercar el diseño, la innovación y las tendencias a todos aquellos paseantes que no escuchen asiduamente los cuarenta principales.
Dando una vuelta por la Rue Saint Honoré, se encuentra Colette un punto de referencia internacional que combina a la perfección la moda, el arte, la música desconocida pero adictiva y sin duda la maestría en presentar tendencias.
Conocida como “la tienda revista” puedes encontrar desde Alexander Mc Queen, Céline, Diane Von Furstenberg hasta un documental de Martin Scorsesse sobre la vida de George Harrison pasando por un mini laboratorio en el que recuerdo que había una señora con un corte de pelo a lo garçon haciendo perfumes.
Hablando hace un par de semanas sobre la moda vintage, comentaba con una amiga friki de las tiendas de segunda mano de Madrid, lo guay que es el barrio de Le Marais para este tipo de compras, cuando de repente, caí en Merci situado en el Boulevard Beaumarchais,un espacio multidisciplinar bautizado por Vogue como una “luxury charity boutique” ya que además de poder comprarte un vestido carísimo de Stella McCartney o una crema de Annick Goutal puedes tomarte un café mientras lees un libro de esos de segunda mano que venden y que huelen a viejuno.
Merci es sin duda la mezcla perfecta entre la innovación y el guiño a lo usado, todo ello, con fines solidarios.

Yo corazón VINTAGE
18 octPor María Osma
María- Mamá, ¿se puede saber por qué has tirado toda la ropa de cuando eras joven?
Mamá- Hija, como comprenderás no voy a guardar la ropa de cuando tenía veinte años.
María- ¿Puedes llamar a la abuela y preguntarle si puede haber algo en los armarios de su casa?
Mamá- Anda ya María, a ver si te crees que la abuela no va a haber hecho limpieza…
Jo María, a ver si encuentro las fotos, yo tenía unos pantalones igualitos a los que te compré ayer en Zara.
¿Qué nos pasa? ¿Por qué tenemos esas ganas descontroladas de comprar aquel bolso que se asoma desde un escaparate de una tienda repleta de ropa de segunda mano? ¿Qué necesidad hay de comprarse una chaqueta que sabes a priori que la ha llevado otra persona, si es que no han sido dos o tres?
No sé si con motivo de la crisis o del decir que ya está todo inventado, surge la necesidad de acercarse a este tipo de tiendas con olor añejo que llaman a comentar con tu amiga de turno, que esa ropa era la que llevaba tu madre o que tú tenías una camiseta “beisbolera” igual cuando tenías cinco años.
Sin duda lo artesanal, lo usado, lo exclusivo y ese vestido que hace diez años con aires “chanelescos” costaba sesenta euros y que lo compras por diez, se lleva.
En tiempos en los que las cosas se crean con fecha de caducidad y en tiempos en los que el exceso de oferta provoca rechazo, la temperatura de la segunda mano hace estallar los termómetros de la moda.
Sea como fuere, Madrid se sube al carro de lo vintage creando toda una ruta de tiendas que merece la pena descubrir…
Paseando por el súper mega moderno barrio de Malasaña nos topamos con varias de las tiendas que parten la pana en esto de lo vintage.
Retro City (Calle Corredera Alta de San Pablo, 4) sudaderas Adidas a go gó y Converse a buen precio.
El Templo de Susú (Calle Espíritu Santo, 1) sin duda la mejor tienda de segunda mano de Madrid, bolsos, bisutería, jerséis de lana. Bueno, bonito y barato.
Magpie (Calle Velarde, 3) Monturas de gafas, bolsos, tocados… un espacio grande en el que perderse encontrando gangas de todas las décadas. Si quieres cotillear,tienen web www.magpie.es
The Storage (Calle Velarde,6) Desde las cazadoras vaqueras hasta los vestidos de los años veinte sin olvidar “las beisboleras”. Si algo está roto, te lo arreglan, que para eso tienen máquina de coser.
La Mona Checa (Calle Velarde,2) Ambientada en un circo del año de la pera cual película Como agua para elefantes, las prendas están colocadas por colores. Puedes encontrar camisas de encaje, chupas de cuero y lo mejor, cámaras soviéticas.
Fotos: Amaia Arregi, un beso para ti.



















